Cambio de sexo, realidad en Juchitán

uchitán, Oax.- La comunidad joven de lesbianas del Istmo o muxes inguiu, como se les conoce, enfatizaron que el papel de la iglesia católica debería ser el respetar la orientación social y no juzgarlo, como ha ocurrido en los últimos días, ya que aseguran que se promueve el odio entre los individuos, generando una segregación de la sociedad.

Yesenia Esteva Valdivieso es estilista y representa a la organización de lesbianas del Istmo y junto con Axel Sebastián López López, quien desde hace dos años decidió someterse a un tratamiento de cambio de identidad sexual de mujer a hombre, por lo que resaltaron que el papel de la iglesia debería ser de protectora y no como castigadora.

«Desconocemos en qué momento la iglesia se metió en este asunto de la discriminación, en Juchitán es más aceptable que dos hombres vivan juntos y no dos mujeres, aquí nos juzgan sin saber que para el amor no hay género, sino todo está en lo que uno prefiera, el respeto y la tolerancia la tenemos, pero la sociedad no nos acepta», explicaron.

En el caso de Sebastián, su apariencia es totalmente masculina, después de llevar dos años de tratamiento para el cambio de género, tiene novia y camina por las calles sin ningún problema, pero recuerda que en la secundaria y preparatoria vivió la mayor parte de discriminación por parte de su familia y de la sociedad.

Cuando ingresó a la preparatoria tuvo que optar por el área de Enfermería, porque tanto las mujeres y hombres iban con pantalón blanco a diferencia a las otras especialidades.

«Desde los cinco años me di cuenta que me gustaban las niñas y no los niños, fue algo raro lo que sentía, mis amigos eran hombres, a mi mamá le pedía que me cortara el pelo como niño y no niña, sin embargo, me adapté a usar falda y blusa en la primaria y secundaria, pero ya en la preparatoria me opuse y no quería estudiar, descubrí que en la especialidad de Enfermería usaban pantalón entonces la elegí, pero fue un martirio porque teníamos maestros homofóbicos, nos insultaban y nos rechazaban».

A los 19 años, Sebastián, el único que ha logrado el proceso del cambio de identidad de su acta de nacimiento de mujer a hombre, al igual que su credencial de elector en la región del Istmo, decidió cambiar de identidad con el aval de sus padres y acudió con un endocrinólogo en la capital oaxaqueña, en la cual lleva desde entonces un proceso de dos años y medio de tratamiento hormonal, el cual se aplica mensualmente a través de una inyección que le cuesta 300 pesos.

«Guardo las 40 inyecciones que me he aplicado, me siento contento con este cambio de identidad, lo primero que me cambió es mi voz, y ahora tengo bigote y barba, el segundo paso será la mastectomía para retirarme los senos, no estoy loco y tampoco mal del cerebro, desde los cuatro años quería ser niño y en este proceso estoy, vivo feliz con mi novia, ella anhela ser mamá y vamos a buscar por medio de inseminación artificial, no sabemos qué suceda, por lo pronto estamos contentos con nuestra relación», explicó.

Yesenia y Sebastián cuestionaron el por qué la iglesia se opone a los matrimonios del mismo sexo y a la adopción, señalando que cada ser humano es libre de decidir su futuro siempre y cuando lo haga con responsabilidad.

«No sabemos por qué los sacerdotes cuestionan tanto, por qué dicen que somos malos, por qué nos odian, por qué nos critican, cuando ellos han violado a niñas y niños, cuando ellos oran por la vida, o para qué lo hacen, que intenciones traen», cuestionaron.

Por su parte, Yudith López Saynes, presidenta de la organización social Gunaxhii Guendanabani, Ama la vida, con más de 22 años de concientizar sobre el VIH-SIDA en la comunidad lésbico-gay y muxe de Juchitán lamentó el actuar de los curas de la iglesia católica.

Explicó que las madres de familia de Juchitán son las más sensibles a apoyar a sus hijas e hijos muxes, al contrario de los hombres que todavía viven en la cultura patriarcal.

Insistió que la iglesia debe renovarse, sino morirá debido a que inyecta odio socialmente y esto no debe ser su tarea, al contrario, es dar amor.

«Esto podría salirse de control, porque lo que busca discriminar, enterrando odio social, ojalá la iglesia como institución recapacite y haga votos de amor, no de odio y discriminación», concluyó.

fuente http://imparcialoaxaca.mx/

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