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ANTE MÁS 10 mil personas, una vez más se representó ayer el Encuentro de Jesús con su madre camino a la cruz, en su edición 37, en Tlalixtac de Cabrera.

La procesión que salió del templo parroquial a las 11 horas, se dividió por dos calles, en una, el contingente fue encabezado por la imagen de la Santísima Virgen y el otro por la de Jesús, el nazareno, seguido por la escenificación en vivo del Víacrucis, en el que participaron alrededor de 80 actores y cerca de una veintena de caballos que fueron utilizados por los centuriones.

Una vez que las imágenes y el Víacrucis llegaron al Calvario, se celebró la ceremonia del Encuentro, terminada la procesión regresó a la iglesia donde se llevó  a cabo la crucifixión.

A lo largo del Víacrucis, Jesús recibió  latigazos y toda clase de insultos, que provocaron momentos de reflexión, y en muchos asistentes, lágrimas, que abarrotaron las banquetas de ese municipio.

Por momentos, al Cristo se le vio desfallecer por el peso de la cruz y el martirio al que era sometido.

Adelante una banda de música interpretaba música sacra, procesión que fue encabezada por el sacerdote, Juan Antonio Jiménez Gómez.

Al ver a su hijo, condenado a muerte, María sufriendo profundamente dice, “qué te han hecho, hijo de mi vida, cuánta razón tenía Simeón cuando dijo que una espada atravesaría mi alma”.

Jesús con voz entre cortada, contesta, “ya no llores más por mí”.

“Deja que llore, lágrimas de sangre, de mi corazón herido”, dice María, mientras maternalmente abraza la cruz junto con el divino condenado.

En el camino hacia la cruz, María se manifiesta como Madre del Redentor del mundo. Ante miles de personas que rodeaban, bajo un intenso sol el lugar donde se desarrollaba el Encuentro, el párroco de Tlalixtac, Juan Antonio Jiménez Gómez, dijo que “este era el momento central de la vida de nuestra fe, centro de la Semana Santa, viviendo, sintiendo y experimentando el amor de Dios manifestado en la persona de su hijo Jesús”.

Más adelante manifestó, que mientras pensaban que la cruz para Jesús sería el martirio y el final de su vida, Jesús demostró que la cruz es el camino hacia la vida eterna.

Al terminar el sermón, las imágenes de Jesús y María, sacadas a la calle, fueron regresadas al templo en procesión, todo el tiempo arropadas por los asistentes.

Finalmente, Jesucristo es llevado al atrio del templo donde fue crucificado, ante su madre.

 

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