Exige Solalinde la renuncia de Chávez Botello por encubrir actos de pederastia

El sacerdote católico Alejandro Solalinde Guerra demandó la renuncia del arzobispo de Antequera, José Luis Chávez Botello, por encubrir actos de pederastia, entre los que citó el caso del vicario general Carlos Franco, detenido por el presunto delito de violación sexual agravada.

Pero no se trata del prime acto de pederastia clerical presuntamente encubierto por el arzobispo, que ha dividido a la Iglesia católica de Oaxaca.

Está también el caso del cura Gerardo Silvestre Hernández, quien desde el 29 de noviembre de 2013 se encuentra recluido en el Centro de Reinserción Social número 12, en el municipio de Tlaxiaco, por el presunto abuso sexual contra 10 niños indígenas zapotecas.

Aunque la Fiscalía General del estado no ha confirmado la detención de Carlos Franco, el diario local El Imparcial publicó: «El presbítero C.F., quien era el encargado de la Catedral de Oaxaca, fue detenido por elementos de la Agencia Estatal de Investigaciones (AEI) y trasladado al Centro Penitenciario de Miahuatlán de Porfirio Díaz por su probable responsabilidad en la comisión del delito de violación equiparada agravada en perjuicio de un joven trabajador del templo».

Según el expediente penal 274/2016, la denuncia fue presentada el pasado 29 de marzo por un joven que prestaba sus servicios en diversas parroquias, pero hace cuatro años, en 2012, llegó a la Catedral de Oaxaca.

En ese lapso quedó al frente de la Catedral el padre Franco, mientras el jovencito asistía a clases de catecismo, y se ofreció a ayudar como acólito.

Posteriormente, en octubre de 2015, el presbítero le pidió que trabajara en La Catedral a cambio de 400 pesos quincenales.
De acuerdo con el afectado, el padre lo molestaba mucho con el sacristán, y constantemente le decía: «Ahí va tu novio».
«Incluso un día me dijo: ¿Eres put…? Pero yo no le contesté por respeto», dijo el agraviado.

Precisó que el pasado 24 de marzo tuvo que quedarse en la Catedral porque era una fecha importante, dado que los feligreses visitan los «siete Templos» o «siete Casas», y le pidió ayuda a su amigo J.C., quien se desempeñaba como catequista.

A la una de la madrugada del 25 de marzo, detalló, se cerraron las puertas de Catedral y se disponían a descansar, pero el padre Franco les dijo que «se echaran unas copitas de mezcalito para el desestrés», a lo que aceptaron, y ya mareados comenzó a acariciarlo, lo jaloneo, se golpeó la cabeza y ya no supo que pasó.

Al despertar se dio cuenta que había sido ultrajado, avisó a sus padres y denunció el hecho.

El arzobispo Chávez Botello solo se limitó a decir que se investigaría el caso.

FUENTE http://www.graficooaxaca.com/

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