Niños abandonan la escuelas para ganar unos centavos en trabajos sin futuro

Entre las cajas de frutas y verduras, en la Central de Abasto de la capital, Abel encontró su futuro. Truncar sus estudios al finalizar la primaria fue decisión propia, al igual que entrar a trabajar para ahorrar y comprarse “algo”, que aún no define que será.

Los brazos escuálidos del niño de 13 años poco a poco adquieren más fuerza a base del diario trabajo de cargar de cajas. La dureza de la piel de sus manos, es muestra del esfuerzo del menor de edad que cambió los libros por las rejas de plástico para frutas.

-¿Por que empezaste a trabajar?

-Ya no quise ir a la escuela, afirma el niño, al tiempo que acomoda cajas con frutas en el puesto en la calle donde trabaja.

-¿Fue decisión de tus papás que trabajaras por no seguir en la escuela?

-No, yo quise trabajar, reafirma Abel de inmediato, sin pensar la respuesta.

“Ellos me dieron la opción de seguir pero yo ya no quise. Ya no me gustó la escuela”, expresa sin dar un motivo preciso de su pleito con los libros.

Son cerca de las 11 de la mañana y mientras cientos de infantes conviven en el patio y en las aulas de su escuela, Abel se esmera para que el puesto quede arreglado antes de que lleguen más clientes .

El niño se siente fuerte y asegura que no se le complica cumplir con su trabajo y por el que recibe 900 pesos a la semana.

Trabajo infantil

En México existen 2.5 millones de niños, niñas y adolescentes trabajadores de entre 5 y 17 años, de los cuales casi medio millón se encuentran en Chiapas, Guerrero y en Oaxaca trabajan 158 mil 400 niños, de entre 5 y 17 años.

 

67%

son niños

33%

niñas

Motivos pro los que trabajan:

23%

para pagar escuela

y propios gastos

23%

el hogar necesita

de su trabajo

22%

por gusto

Actividades:

30%

agropecuario

26%

comercios

25%

servicios

13%

industria manufacturera

Fuente: Inegi

 

Trabajo mata a estudios

Entre las calles y los pasillos de la Central se desarrolla otra historia de abandono escolar que culmina con trabajo .

Es el caso de Eduardo, que apenas cumplió con el promedio para salir de sexto año. Su madre, la señora Olivia, se siente impotente por no poder obligar a que su hijo siga con sus estudios.

“Yo lo mandaba a la escuela, me pedía dinero para más cuadernos, pero los maestros me mandaban llamar porque faltaba por días. El chamaco no llegaba y se iba a jugar”, explica la mujer.

Eduardo ahora debe ayudar a su padre con el trabajo de descargar mercancía, “para que vea que lo que cuesta ganarse la vida y ojalá recapacite”, argumenta la madre, mientras su hijo se prepara para la jornada del día, por la que podría recibir 50 pesos.

 

“Me preocupa que no quiera volver a la escuela, que se envicie, que los ‘malillas’ se lo jalen, porque acá hay de todo”

 

Mercado de comida, nido de “chamulas”

Hace una semana “Juan” llegó a la capital para trabajar. Su menuda figura descansa en una de las bancas de los comedores del mercado 20 de Noviembre; en sus brazos sostiene una serie de collares, y su compañero que al igual que él aparentan no rebasar los 11 años sujeta un paquete de lienzos pintados.

Con timidez el niño dice que viene de Chiapas, que hace unos cinco días trabaja en las calles de la capital, al igual que sus padres.

“Juan” asegura que terminó la primaria pero que ya no le gusta la escuela y prefiere trabajar. El niño no teme seguir la conversación, pero el infante más grande del grupo se acerca con velocidad y sólo con una seña el niño se para de la banca y se retira del lugar junto con otros tres niños; el menor de ellos, con una figura que aparenta los ocho años y el mayor, 14 años.

Consciencia sobre los gastos

Desde casi cuatro semanas “Adrián” salió a las calles a trabajar. Apoyar con los gastos en el hogar lo motivó, por eso ahora jala un triciclo con tamales y atole en todo el centro de la ciudad y ganarse lo del recreo.

El niño de 14 años – de figura delagada y con una talla que aperenta la edad de 12 años- , no ha dejado sus estudios. Ahora trabaja en las mañanas, que cuando le va bien termina pronto, y por las tardes estudia.

“Adrián” dice que fue decisión propia ayudar a su madre con los gastos, ahora él puede tener su propio dinero para ir a la escuela y con eso aligerar la carga económica para sus padres.

FUENTE http://www.nvinoticias.com/

Leave a Comment