No me golpeen’, pidió Leninguer, que se escondía bajo la cama

Cuatro días con sus respectivas noches montaron vigilancia los integrantes de la Agencia Estatal de Investigaciones (AEI) a la casa de Leninguer Raymundo Carballido Morales, localizada en La Luz 105, de la Agencia de Candiani. Temían que el acusado de haber fingido su muerte legal en 2010 para evadir la acción de la justicia por el delito de violación tumultuaria se les escapara. Las investigaciones arrojaban que el hombre se encontraba en esa casa, la de sus padres, quienes gozan del amplio respeto del vecindario, pues durante toda su vida se dedicaron a forjar buenos ciudadanos ya que son maestros jubilados. Además, a diario recibía visitas de campesinos, sus paisanos, que llegaban a visitarlo o a rendirle informes sobre la situación que prevalecía en Amatengo. Hubo un momento en que los vecinos de la Calle la Luz les echaron a la policía uniformada al confundir a los agentes de la AEI con ladrones. En cuanto el Juez Primero de lo Penal dictó la orden de cateo 120/2013, los agentes respiraron con alivio pues entrarían en acción. A las 21:00 horas del martes 23 de julio la comandante División Género, Raquel Cortés, llamó a la puerta. El zaguán de fierro pintado de azul se abrió y la mujer policía se identificó. La acompañaba un agente del Ministerio Público y decenas de agentes de la AEI. Una mujer, la madre de Leninguer, les pidió no actuar con violencia. “Hay un niño con discapacidad visual”, les espetó. La comandante le dijo: “Si cooperan todo saldrá bien”. La búsqueda se inició. Los agentes revisaron rincón por rincón de la casa. La comandante les pidió que abrieran un cuarto con doble chapa. “Aquí no hay nadie”, dijeron los familiares. “Es una orden de cateo”, les dijo y les volvió a mostrar el documento. Cuando la puerta del cuarto se abrió, los agentes ingresaron fuertemente armados y encapuchados. Todo era silencio… No había nadie en la estancia, pero cuando revisaron bajo la cama, ahí estaba Leninguer. “No me golpeen”, resonó su voz. “Si cooperas no habrá violencia”, le dijo la mujer  policía. Ahí tenían, frente a ellos, al alcalde municipal electo de San Agustín Amatengo, cuyo nombre se hizo famoso ya no a nivel nacional, sino en el mundo entero, por la forma en que ganó una elección: estando muerto. “No me tomen fotos, por favor, y no me esposen”, le suplicó a un agente policial. Raquel Cortés le indicó que las fotos eran para mostrar que no se usó la violencia en contra de él y las esposas para que no intentara nada al momento de su traslado. El hombre cooperó. En su semblante había tristeza, preocupación. “¡Vámonos!”, le dijo la comandante. Leninguer, esposado, era custodiado por varios agentes uniformados. Afuera, la calle solitaria era iluminada por la luna.

fuente tiempoenlinea.com.mx

 

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